Un acercamiento a la obra, Renglones por si acaso, del poeta mexicano Andrés Castuera-Micher
Por América Alejandra Femat Viveros
El individuo es capaz de superar cualquier etapa de su existencia. De diferente manera sobrelleva sus batallas y victorias, no obstante, en el padecimiento anímico donde se decanta el reflejo del cuerpo, resulta el ejercicio de la imaginación lo que brinda libertad y recogimiento, de tal manera que logra borrar los sufrimientos a través del ejercicio creador, así puede superarlos y superarse.
La contemplación es otro punto, imitar la naturaleza o el propio orden universal es una llamarada de esperanza, confiar en el orden causal de las cosas y en las posibilidades son certeza del orden natural del mundo, así lo mencionan los estoicos, sin embargo, no deseo detenerme en estas consideraciones, sólo en aquellas que sean puente de entendimiento y abstracción para la presente obra que en unidad obedece a un propio orden sutil e imaginativo, en esta tónica aludo a este poemario, “Renglones por si acaso” del actor, dramaturgo y periodista Andrés Castuera-Micher, la de una obra con sustancia emotiva.
En ella puede intuirse el espíritu idealista y esperanzador del autor (voz poética revelada y rebelada), el acontecer de luchas ganadas o perdidas por sumisión y fe; esta última no se refiere a aquella que aprisiona, por el contrario, es libertaria de la voluntad propia. Castuera-Micher no conquista al mundo por auto-domesticación o conquista lógica; no es el caso de un poemario de esa índole, el privilegio de este poeta es la aceptación del mundo y su causalidad más que su casualidad. Cito algunos versos del autor, poema, “Por si un día mi voz se apaga”:
Por si un día mi voz
no se escucha más
quisiera dejar en claro
que la levanté por causas justas hasta que reventó.
Queda en esencia la decantación de la esperanza, del amor, del idealismo, la salud, la presencia, el regocijo y de sus contrarios. Ya lo decía Alfonso Reyes “No hay más que un bien, la virtud; no hay más que un mal, el vicio”.[1] En esta dialéctica de ideas y temas en las que coexiste el poemario, y que gracias a la voz dinámica y existencial del autor, pone a colación la búsqueda y obtención profunda de un conocimiento interior, una búsqueda que toma dimensiones extraordinarias capaces de conmover otras realidades lejanas, y que éstas a su vez, logren cruzarse para afectar otras existencias, una cadena infinita de posibilidades. Lo fundamental es trascender la palabra “Por si acaso el mundo” (dice el poeta) “sigue sin entenderme”. De tal forma que lo que inspire sea el deseo de contar, de aclarar y de advertir; cito unos versos “Por si falta mi epitafio” de Andrés Casteura-Micher:
(…) Quiero advertir enérgicamente
que no quiero que una máquina marque el paso de
mi corazón ansioso
ni le ordene al aire cuando entrar o salir de este
cuerpo emancipado…
Declarar y contar los instantes traspasados de la mente son también una forma de señalar y poner en evidencia las alteraciones entre el mundo externo y el mundo interno. Cuerpo y mente son reflejo de una y otra; aquello es el efecto orgánico de un diálogo poético que expresa el autor.
Los versos anteriormente citados hacen eco a este brevísimo fragmento de la novela “La insoportable levedad del ser” de Milan Kundera, cito el fragmento al que hago referencia:
(…) El corazón se le estrechaba de tal modo que creyó que estaba al borde del infarto.
Esta resonancia también es un efecto caleidoscópico, las coincidencias causales señalan el tejido polisémico de la humanidad y sus vastas narrativas de maravillosas resonancias, hechos extravagantes, correspondencias afectivas. Lo relevante es la de ahondar en las relaciones entre enfermedades, dolencias del cuerpo y su relación intrínseca con las del mundo interior; no obstante, lo que pone en manifiesto “Renglones por si acaso” es la intuición como presentimiento de estos efectos, más aún, el cómo quedan cifrados y prestos a los ojos de los lectores en versos que saltan con vértigo de claridad y esperanza.
Conforme se avanza en la lectura de este libro de versos, se perciben otros espacios que forman parte de la memoria del escritor, aquellos no condicionados por el “si acaso” será ahora el hábito de la memoria un ejercicio nemotécnico a condición de resarcir algún daño, o algún miedo que la imaginación le conceda presentir con toda claridad, aquello que estalla y anonada.
Me estalló la vida entre las manos.
Mi escritorio quedó salpicado de momentos
y las frustraciones embarradas
en la pared azul-motivo.
Como en toda memoria habitan fantasmas y el eco de sus presencias, en esta virtud yace la urgencia de devolverlas a los espacios de la mente, a través de crear un espejo donde se señalen los padecimientos del cuerpo, por ello, es menester de la imaginación la de reconocer el dolor y nombrar al cuerpo roto; el poeta dice: “Y cuidado con las ramas que salen de mi cerebro, partido a la mitad, pueden contener espinas”. Bajo este ánimo la voz poética espontánea y directa está siempre a disposición de la conciencia, nunca de la indiferencia, a lo mejor de abstraerse “sí” de la rigidez que ocasionan los miedos para superarlos, sea como sea, se acepta el mundo, pero no su carga, se ejerce la voluntad al igual que la libertad, en eso descansa la maravilla de lo útil, la de contemplar y confiar. Exponer los males es sanearlos, cifrando lo siguiente:
Despreocúpate
que algo
algo se nos ocurrirá.
Como siempre dictar las pérdidas son el oficio de aquel que no se presume poeta, como dice el propio autor “ser redactor de oficios”, y sin embargo exponer la herida… No obstante Andrés Castuera-Micher como buen escriba (también del alma) logra presentir el síntoma que yace en ese sitio indormible, el tránsito reversible de sus pulsaciones son su testimonio.
[1] La filosofía helenística. Reyes, Alfonso. Breviarios, Del Fondo de Cultura Económica, 2da ed. 1965.





